¿Por qué las relaciones modernas se terminan tan rápido?

¿Por qué las relaciones son tan difíciles hoy en día? ¿Por qué fallamos en el amor cada vez, a pesar de intentarlo contínuamente? ¿Por qué los humanos derrepente se volvieron ineptos en el arte de hacer que las relaciones duren? ¿Será que se nos olvidó cómo amar? O aun peor, ¿será que se nos olvidó qué es el amor?

No estamos preparados. No estamos preparados para los sacrificios, los compromisos, el amor incondicional. No estamos listos para invertir todo lo que conlleva hacer que una relación funcione. Queremos todo fácil. Nos rendimos. Todo lo que toma es una simple pelea para derrumbarnos. No dejamos que nuestro amor crezca, huímos antes de tiempo.

En realidad, no estamos buscando amor, estamos buscando emociones y diversión. Queremos a alguien con quien ver Netflix y con quién salir de fiesta, no a alguien que nos entienda aun en nuestros silencios más profundos. Pasamos tiempo juntos, pero no creamos recuerdos. No queremos la vida aburrida, queremos llenar de momentos divertidos nuestro Snapchat, para que todos vean lo bien que la pasamos.

Estamos inmersos en la vida alocada que no dejamos espacio para el amor. No tenemos tiempo para amar, ni la paciencia para lidiar con las relaciones. Estamos ocupados persiguiendo sueños materiales que presumir en Instagram, convirtiendo a las relaciones en nada más que pura conveniencia.

Buscamos gratificación instantánea en todo lo que hacemos-las cosas que posteamos en línea, las carreras que escogemos, la gente de la que nos enamoramos. Queremos la madurez de una relación que solo se da con el tiempo, la conexión emocional que solamente se desarrolla con los años, ese sentido de pertenencia cuando en realidad apenas y conocemos a la otra persona. Aparentemente, nada vale nuestro tiempo ni nuestra paciencia-ni siquiera el amor.

Preferimos pasar una hora con cada persona, que pasar un día entero con una sola. Creemos en tener ‘opciones’. Somos gente ‘social’. Creemos en ver a las personas en lugar de conocerlas. Somos arrogantes. Queremos todo. Nos metemos en relaciones con el simple toque de atracción y luego nos salimos en el momento que encontramos a alguien mejor.

No queremos sacar lo mejor de una persona. Queremos que sean perfectos. Salimos con muchas personas pero en realidad no les damos la oportunidad a ninguna. Estamos decepcionados de todos.

La tecnología nos ha acercado, tanto que ya casi es imposible respirar. Nuestra presencia física ha sido reemplazada por mensajes, notas de voz, snapchats y video llamadas. Ya no sentimos la necesidad de pasar tiempo juntos. Sabemos tanto de la otra persona gracias a las redes sociales que a veces ya no hay nada de qué hablar. Recurrimos a la tecnología para fines sexuales, como el sexting, y nuevamente saciar necesidades temporales en lugar de conocer más a fondo a la otra persona.

Somos una generación de ‘ambulantes’,  que no quieren quedarse en un mismo sitio por mucho tiempo. Todo el mundo le tiene miedo al compromiso. Creemos que no estamos hechos para las relaciones. No queremos sentar cabeza. El simple hecho de pensarlo es aterrador. No podemos imaginar estar solamente con una persona por el resto de nuestra vida.

Nos alejamos de todo. Rechazamos la permanencia como si fuera un mal social. Nos gusta pensar que somos ‘diferentes’ a todos los demás. Nos gusta creer que no nos conformamos con las reglas sociales.

¿Y cómo afecta esto en el sexo?

Somos una generación que se describe a si misma como ‘sexualmente liberada’. Podemos separar el sexo del amor…o al menos eso creemos. Somos la generación del one night stand. Primero tenemos sexo, y luego decidimos si queremos amar a alguien. 

El sexo llega muy fácil, pero la lealtad not so much. Acostarse con alguien se ha convertido en algo tan fácil como ponerse borracho. No lo haces porque ames a la otra persona, sino porque solamente quieres sentirte bien. Solo buscamos satisfacción temporaria.

Ya no se necesita estar en una relación para tener sexo. Las relaciones ya no son sencillas. Son abiertas, amigos con beneficios, fuck buddies, one night stands, sin compromisos, vacías-dejando muy poca exclusividad en nuestras vidas amorosas.

Somos una generación práctica que se guía simplemente por la lógica. No sabemos como amar locamente. No tomaríamos un vuelo al otro lado del mundo simplemente para ver alguien que amamamos. No. Seguramente romperíamos por la larga distancia. A pesar de que ahora existen herramientas como Skype y Whatsapp que nos podrían acercar si realmente quisieramos.

Somos muy sensibles para el amor. Muy sensibles para nuestro propio bien.

Somos una generación asustada– asustada de enamorarnos, de comprometernos, de caer, de ser lastimados, de que nos rompan el corazón. Ya no dejamos que nadie más se acerque, y ya no queremos salir de esa protección que nos hemos creado a nuestro alrededor. Ya no queremos amar incondicionalmente a alguien, porque sabemos que ya nada dura estos días.

Nos escondemos detrás de las paredes que nosotros mismos creamos, buscando amor y huyendo en el momento en el que realmente lo encontramos. De pronto ya no podemos controlarlo. No queremos ser vulnerables. No queremos abrir nuestra alma a nadie.

Ya ni siquiera valoramos las relaciones hoy en día. Dejamos que la gente maravillosa se vaya en búsqueda de otros peces en el mar. Ya no los consideramos algo sagrado.

No hay nada que no nos gustaría conquistar en este mundo, y aun así, no podemos conquistar el juego del amor-uno de los instintos más básicos de los humanos. Evolución le dicen.

(Vía: Men XSP)

 

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